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Lo visible es un adorno de

lo invisible.

Roberto Juarroz

1

Que del vasto soneto
apenas quede el brillo
instantáneo de un jaiku.

2

En las arrugas de la almohada
la forma de tu hombro
o de una nube que pasa.

3

De luz las migajas

que picotea

el copetón.

4

Te duermes

y de todos los sueños

te quedas con uno.

5

Cae el maletín

sobre la mesa.

Ulises vuelve a casa.

6

Entre tú y yo,

de todas las estaciones

el verano la más breve.

7

Escondida la luna,

el perro les ladra

a las estrellas.

8

En las botellas despicadas

sobre el muro

brillan mil soles.

9

No a la estrella, sino

al silencio que fugaz deja

a su paso pido un deseo.

10

Coqueta lentejuelada:

tu nombre

también vuela.

11

El horizonte, una luz.

El cenit, un mar.

Y a todo eso llaman azul.

12

Tu mano sobre la página,

la última parte de ti despierta

antes de quedarte dormido.

13

Corre al lado mi sombra,

mi yo de piedra sin deseos,

pesares, ni añoranzas.

14

Escribir para nadie

en un lenguaje secreto,

así como las nubes.

15

Triste recorro un camino

de hojas de secas, hasta

que las arrastra la lluvia.

16

Tras unos minutos,

la adormidera

despierta de su sueño.

17

En medio del apagón

me levanto del sofá como

de una bestia dormida.

18

Lenta deja ir los colores,

al compás de la luz,

la orquídea sobre el muro.

19

Hoy al tender la cama

te demoraste alisando

esas caprichosas arrugas.

20

Un día entiendes ese koan

sobre el sonido de un aplauso

con una sola mano.

21

Infranqueable, hoy,

esa puerta que un día abrí

con una llave de juguete.

22

Ingrávido, el pájaro hace

inclinar la rama con

sus patas de dinosaurio.

23

Dos truenos grises

y luego, hermanados,

la luz y el silencio.

24

De estar escondida

atrás de los cerros

vuelve la lluvia.

 

 


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